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miércoles, 24 de febrero de 2016
domingo, 14 de febrero de 2016
Los Meteoros están aumentando dramáticamente
Pues bien, los resultados ya están disponibles, y la respuesta es simple: al comparar el 2014 con el 2013, la frecuencia de bolas de fuego aumentó en un 120%. Y si comparamos el 2015 con el 2014, las bolas de fuego aumentaron en un 20%. Eso es un aumento significativo, y debería estar generando mucha atención. Si así ha sido, entonces se está haciendo en voz muy baja y a puertas cerradas.
Debido a que estamos utilizando dos conjuntos de datos, puede haber alguna incongruencia en los datos de 2013-2014. Sin embargo, el patrón es congruente: a partir del 2010, la frecuencia de las bolas de fuego ha estado aumentando cada año de forma exponencial (hasta el año 2015, cuando la tasa de aumento disminuyó). Tal cambio es significativo y debería estar generando una gran cantidad de atención de los medios y mucha actividad en la observación del espacio cercano.
La manera más significativa de trazar los datos es a través de una media móvil de 12 meses, lo que reduce el "ruido" y demuestra los cambios significativos que se han producido. Desde mediados del 2010, el número promedio de bolas de fuego aumentó significativamente, hasta finales del 2015, cuando la media móvil se estabilizó.
El cotejo de los datos en un promedio móvil de 6 meses revela la distribución asimétrica en todo el año. Las bolas de fuego ocurren en mayor cantidad en la última parte del año. Esta diferencia en la distribución aumentó significativamente después del 2013. Es decir, una parte del espacio se está haciendo densa debido a polvo y rocas, y la Tierra (y otros planetas en el sistema solar interior) se están moviendo a través de esta área del espacio cada año.
En cuanto a los datos mensuales de la NASA, vemos que la frecuencia de bolas de fuego es más concentrada en los meses de agosto a diciembre. Sin embargo, los números de junio y julio también están aumentando de manera significativa, lo que sugiere que el área del espacio desde dónde los asteroides y escombros de cometas están llegando a la Tierra (o, en su defecto, el área al que el sistema solar está entrando), está aumentando de tamaño:
La NASA también ha publicado los datos de los asteroides cercanos a la Tierra (NEAs, por sus siglas en inglés; u objetos cercanos a la Tierra, NEOs, por sus siglas en inglés) que fueron descubiertos desde 1995.3 Sus datos muestran un aumento constante en el número de asteroides desde 1998 a 2013, y un aumento significativo para el 2014 y el 2015, lo que ensombrece el gran aumento en bolas de fuego observadas durante esos dos años.
Otro cambio notable es el aumento de nuevas lunas y satélites de los planetas exteriores4, que ha estado sucediendo desde el año 2000. Júpiter y Saturno parecen haber formado un escudo de protección para los planetas en el sistema solar interior de manera efectiva; atrapando en sus campos gravitacionales a las "rocas" más grandes y obteniendo nuevas lunas en el proceso:
En resumen, esto es lo que podemos deducir de estos conjuntos de datos:
El número de bolas de fuego que se han estado observando ha aumentado lentamente durante los años 2000-2011. Por lo tanto, sus números aumentaron rápidamente, y además, el rápido aumento provino de un área específica del espacio.
La mayor parte ocurrió durante el período de agosto a diciembre. En el 2014 y el 2015 se vio un importante aumento en el número de bolas de fuego.
Los números de NEA (asteroides cercanos a la Tierra, por sus siglas en inglés) se han observado desde 1995. De 1998 a 2013 el número de nuevos NEAs descubiertos ha aumentado sin cesar, con importantes aumentos en 2014 y 2015. El patrón coincide con el de las bolas de fuego registradas.
El número de descubrimientos de NEAs de gran tamaño alcanzó su punto máximo en el 2000, luego disminuyó hasta el 2010, y se mantuvo sin aumentos o descensos a partir de entonces
Saturno y Júpiter comenzaron a aumentar su número de lunas alrededor del año 2000/2001, y los números se estabilizaron en torno al 2010.
Sería interesante trazar las posiciones de los grandes planetas exteriores relativos a la Tierra durante este período de tiempo, y determinar si la disminución de los NEAs de gran tamaño en el año 2000 se conecta al aumento de las lunas alrededor de los planetas exteriores - es decir, si los planetas exteriores capturan las rocas/asteroides de gran tamaño, cuando se encuentra en la parte derecha del espacio.
El 2015 terminó con un aumento del 20% de bolas de fuego, en comparación con el 2014:
¿Qué está sucediendo arriba (en el espacio)?
Así que parece está pasando una de dos cosas:
El sistema solar está entrando en un área del espacio en el que se tropieza con una mayor densidad de rocas/asteroides, junto con los rastros de escombros de algunos cometas, por ejemplo, el Encke.
O algo a la 'Nemesis' se está acercando al sistema solar interior y ésto perturba a los cometas/asteroides del cinturón de Kuiper y/o la Nube de Oort.
Los dos escenarios no son mutuamente excluyentes: el primer escenario también podría ser desencadenado por el segundo.
La hipótesis de la 'Nemesis', propone que el Sol tiene una estrella compañera - una enana marrón o roja - en una órbita muy elíptica, que perturba periódicamente a los cometas/asteroides en la Nube de Oort, provocando un gran aumento en el número de cometas que visitan el sistema solar interior y un aumento consecuente de eventos de impacto en la Tierra.
Hasta el momento, ninguna gemela del Sol como 'Nemesis' ha sido detectada por el telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) de la NASA - o así nos dicen - pero WISE sí ha descubierto varias enanas marrones en sistemas estelares vecinos.
Más recientemente, Napier et.al.9 publicó un documento que destaca la importancia de los centauros en la Nube de Oort. Los centauros son cometas gigantes en la región trans-Neptuno, que si se desplazan hacia el sistema solar principal, podrían desintegrarse y dar lugar a un bombardeo intermitente pero prolongado de los planetas del sistema solar interior, durante un máximo de 100.000 años.
Fuente: (sott.net)
Debido a que estamos utilizando dos conjuntos de datos, puede haber alguna incongruencia en los datos de 2013-2014. Sin embargo, el patrón es congruente: a partir del 2010, la frecuencia de las bolas de fuego ha estado aumentando cada año de forma exponencial (hasta el año 2015, cuando la tasa de aumento disminuyó). Tal cambio es significativo y debería estar generando una gran cantidad de atención de los medios y mucha actividad en la observación del espacio cercano.
La manera más significativa de trazar los datos es a través de una media móvil de 12 meses, lo que reduce el "ruido" y demuestra los cambios significativos que se han producido. Desde mediados del 2010, el número promedio de bolas de fuego aumentó significativamente, hasta finales del 2015, cuando la media móvil se estabilizó.
El cotejo de los datos en un promedio móvil de 6 meses revela la distribución asimétrica en todo el año. Las bolas de fuego ocurren en mayor cantidad en la última parte del año. Esta diferencia en la distribución aumentó significativamente después del 2013. Es decir, una parte del espacio se está haciendo densa debido a polvo y rocas, y la Tierra (y otros planetas en el sistema solar interior) se están moviendo a través de esta área del espacio cada año.
En cuanto a los datos mensuales de la NASA, vemos que la frecuencia de bolas de fuego es más concentrada en los meses de agosto a diciembre. Sin embargo, los números de junio y julio también están aumentando de manera significativa, lo que sugiere que el área del espacio desde dónde los asteroides y escombros de cometas están llegando a la Tierra (o, en su defecto, el área al que el sistema solar está entrando), está aumentando de tamaño:
La NASA también ha publicado los datos de los asteroides cercanos a la Tierra (NEAs, por sus siglas en inglés; u objetos cercanos a la Tierra, NEOs, por sus siglas en inglés) que fueron descubiertos desde 1995.3 Sus datos muestran un aumento constante en el número de asteroides desde 1998 a 2013, y un aumento significativo para el 2014 y el 2015, lo que ensombrece el gran aumento en bolas de fuego observadas durante esos dos años.
Otro cambio notable es el aumento de nuevas lunas y satélites de los planetas exteriores4, que ha estado sucediendo desde el año 2000. Júpiter y Saturno parecen haber formado un escudo de protección para los planetas en el sistema solar interior de manera efectiva; atrapando en sus campos gravitacionales a las "rocas" más grandes y obteniendo nuevas lunas en el proceso:
En resumen, esto es lo que podemos deducir de estos conjuntos de datos:
El número de bolas de fuego que se han estado observando ha aumentado lentamente durante los años 2000-2011. Por lo tanto, sus números aumentaron rápidamente, y además, el rápido aumento provino de un área específica del espacio.
La mayor parte ocurrió durante el período de agosto a diciembre. En el 2014 y el 2015 se vio un importante aumento en el número de bolas de fuego.
Los números de NEA (asteroides cercanos a la Tierra, por sus siglas en inglés) se han observado desde 1995. De 1998 a 2013 el número de nuevos NEAs descubiertos ha aumentado sin cesar, con importantes aumentos en 2014 y 2015. El patrón coincide con el de las bolas de fuego registradas.
El número de descubrimientos de NEAs de gran tamaño alcanzó su punto máximo en el 2000, luego disminuyó hasta el 2010, y se mantuvo sin aumentos o descensos a partir de entonces
Saturno y Júpiter comenzaron a aumentar su número de lunas alrededor del año 2000/2001, y los números se estabilizaron en torno al 2010.
Sería interesante trazar las posiciones de los grandes planetas exteriores relativos a la Tierra durante este período de tiempo, y determinar si la disminución de los NEAs de gran tamaño en el año 2000 se conecta al aumento de las lunas alrededor de los planetas exteriores - es decir, si los planetas exteriores capturan las rocas/asteroides de gran tamaño, cuando se encuentra en la parte derecha del espacio.
El 2015 terminó con un aumento del 20% de bolas de fuego, en comparación con el 2014:
¿Qué está sucediendo arriba (en el espacio)?
Así que parece está pasando una de dos cosas:
El sistema solar está entrando en un área del espacio en el que se tropieza con una mayor densidad de rocas/asteroides, junto con los rastros de escombros de algunos cometas, por ejemplo, el Encke.
O algo a la 'Nemesis' se está acercando al sistema solar interior y ésto perturba a los cometas/asteroides del cinturón de Kuiper y/o la Nube de Oort.
Los dos escenarios no son mutuamente excluyentes: el primer escenario también podría ser desencadenado por el segundo.
La hipótesis de la 'Nemesis', propone que el Sol tiene una estrella compañera - una enana marrón o roja - en una órbita muy elíptica, que perturba periódicamente a los cometas/asteroides en la Nube de Oort, provocando un gran aumento en el número de cometas que visitan el sistema solar interior y un aumento consecuente de eventos de impacto en la Tierra.
Hasta el momento, ninguna gemela del Sol como 'Nemesis' ha sido detectada por el telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) de la NASA - o así nos dicen - pero WISE sí ha descubierto varias enanas marrones en sistemas estelares vecinos.
Más recientemente, Napier et.al.9 publicó un documento que destaca la importancia de los centauros en la Nube de Oort. Los centauros son cometas gigantes en la región trans-Neptuno, que si se desplazan hacia el sistema solar principal, podrían desintegrarse y dar lugar a un bombardeo intermitente pero prolongado de los planetas del sistema solar interior, durante un máximo de 100.000 años.
Fuente: (sott.net)
jueves, 31 de diciembre de 2015
Episodios que marcaron el 2015
Fuente:(Youtube)
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domingo, 8 de noviembre de 2015
domingo, 5 de abril de 2015
7 Catástrofes Naturales que cambiaron la Historia
1-El meteorito del Cretácico-Terciario
Ha sido una de las hipótesis más controvertidas durante años. Pero en 2013, varios grupos de científicos independientes consiguieron por fin determinar que, efectivamente, hace 66 millones de años un meteorito impactó contra la Tierra. Al mismo tiempo, se produjo una extinción masiva en el planeta que delimita la frontera entre el Cretácico y el Terciario, lo que se conoce como límite K-T.
No está completamente claro si el meteorito es el único responsable de esa extensión, parece que no, pero ambos sucesos están lo suficiente próximos entre sí como para que pueda trazarse una relación causa-efecto directa. El meteorito habría caído en lo que hoy conocemos como el Mar Caribe, formando el actual cráter de Chicxulub al noroeste de la película de Yucatán y que tiene más de 180 kilómetros de diámetro. Se estima que el meteorito que impactó contra la Tierra medía unos 10 km de diámetro, el doble que nuestro querido 67P/Churyumov-Gesasimenko. La traducción desde el maya de Chicxulub es “pulga del diablo”. Apropiado, parece.
2.La erupción del Krakatoa
Ocurrió en Agosto de 1883 y se conoce como una de las erupciones más letales de la historia, junto con la del Tambora (más sobre Tambora unas líneas abajo). Se estima que murieron unas 36.000 personas, la mayoría como consecuencia de la onda de choque y de los tsunamis que siguieron al hundimiento de la isla sobre la que se sitúa el volcán.
Comenzó en la tarde del día 26, y durante el día 27 y 28 se sumó una cadena de explosiones que destruyeron completamente la isla y parte del archipiélago volcánico que la rodeaba. Durante los meses previos al evento, las explosiones previas del volcán podían oírse desde Yakarta, a 160 kilómetros de distancia.
La explosión final generó una onda expansiva que proyectó el material volcánico a 1000 km/h. Fue tan poderosa que destrozó por completo los tímpanos de marineros que se encontraban en un radio de casi 70 kilómetros, provocando severos problemas de audición a otros tantos. La onda de presión se expandió rápidamente por el planeta y se sintió en los barómetros de todo el mundo. Los registros muestran que la onda reverberó (dio la vuelta a la Tierra) 7 veces en total.
En torno a 1950 la actividad volcánica de la zona originó una nueva isla, conocida como Anak Krakatu: “la hija de Krakatoa”. Un bello nombre.
En el año que siguió a la erupción, el clima terrestre descendió 1,2º C, y los patrones meteorológicos estuvieron alterados durante varios años y provocó que los atardeceres sobre el planeta tierra se tiñesen de un intenso color rojo. En el arte, esos atardeceres rojizos se ven en varios dibujos del artista británico William Ashcroft.
Aunque es sólo una teoría, en 2004 un astrónomo propuso que los colores rojizos que pueden verse en “El grito” de Edvard Munch son una descripción de cómo se veían los cielos de Noruega por aquella época.
3.La explosión de Tunguska
Conocido también como “el bólido de Tunguska” lo tiene todo para ser el argumento de una película de ciencia ficción: Siberia, 1908, los albores del siglo XX, una zona relativamente aislada en las proximidades del río Podkamennaya y de repente una explosión que rompió ventanas en un radio de 400 kilómetros de distancia y que dejó noches tan brillantes que se dice que en algunas partes de Rusia y Europa se podía leer tras la puesta de sol sin necesidad de luz artificial. El famoso ferrocarril transiberiano tuvo que detenerse por temor a descarrilar. Y sobre la superficie, más allá de árboles quemados y un paisaje desolado, nada, ni un sólo cráter. Sólo desolación.
El fenómeno alimentó numerosas hipótesis y teorías en la época. A día de hoy y casi un siglo más tarde, la detonación ha sido atribuida a un trozo del cometa cometa 2P/Encke que en ese momento se encontraba muy cerca de la tierra y provocó en los días anteriores a la explosión una lluvia de meteoritos, las Táuridas, sobre los cielos del planeta. Dado que el gobierno zarista del entonces no consideró el evento prioritario no sería hasta varios años más tarde, en 1921 y con Lenin en el poder tras la Revolución Rusa, cuando una expedición se encaminó hasta el lugar de los hechos y puedo analizar el área de devastación con el radio de 60 kilómetros que todavía perduraba.
La explosión, cuya potencia se cifra entre 10 y 30 megatones, fue similar a la de un arma termonuclear moderna. Los supervivientes de la zona, de hecho, describieron la explosión como “un hongo gigante que se elevaba por los aires”. El mismo hongo que, casi cuatro décadas más tarde, haría tristemente famosas a Hiroshima y Nagasaki. Es importante notar que aunque el llamado mushroom cloud es típicamente asociado a explosiones nucleares no es exclusivo de las mismas, y cualquier arma o explosión con la suficiente potencia puede provocarlo. Un fenómeno similar ocurre durante las erupciones de volcanes, por ejemplo.
Se calcula que el tamaño del objeto que impactó fue de 60 a 190 metros y que explotó antes de alcanzar la superficie, el motivo por el que no dejó ningún tipo de cráter.
4.La pequeña Edad de Hielo de la que nacen los Stradivarius
Como The Little Ice Age se conoce a un período que abarca varios siglos entre, aproximadamente los, años 1350 y 1850. No es una glaciación propiamente dicha y el término, pequeña edad de Hielo, fue acuñado en el siglo XX. Tuvo tres períodos particularmente fríos, uno en 1650, otro en 1770 y otro al final, en 1850, cada uno separado por tramos algo más cálidos.
Es un fenómeno reconocido y estudiado, pero lo más interesante fueron las consecuencias que tuvo en la historia y en la producción artística de la época. Una de las más notorias es la de Antonio Stradivari, el artesano que fabricaba los míticos violines en la pequeña ciudad de Cremona, Italia. Nació poco antes de uno de esos períodos más intensos, en 1644.
El frío provocó que la madera de los árboles que Stradivari usó en sus instrumentos fuese mucho más densa de lo normal. Esa madera más densa, con el tratamiento adecuado, es la que proporciona el tono tan característico e irrepetible de los Stradivarius.
Aunque conocemos, casi al 100%, la técnica que utilizaba Stradivari para fabricar sus violines, nunca nadie ha conseguido igualar su sonido. Probablemente nunca lo hagamos.
5.La erupción del Vesubio que acabó con Pompeya y Herculano
Ocurrió en la mañana del 24 de agosto del año 79 después de Cristo. Una tímida columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio, en la bahía de Nápoles. Como el volcán había humeado ya durante varios años, inicialmente la población no le dio demasiada importancia. Pero pronto comenzaron a llover piedras, primero más pequeñas y luego más grandes sobre ambas ciudades, al tiempo que daban envueltas en vapores tóxicos de azufre. Aunque ambas ciudades se reconstruyeron después, las ruinas de ambas ciudades todavía perduran y son un monumento histórico muy visitado.
El total de la erupción fue de unas 20 horas y se desarrolló en dos fases, una primera conocida como pliniana y que provocó la lluvia de ceniza y de piedra pómez en forma de rocas. Formó un cono de unos 3 kilómetros hacia el sur. Después, la fase peleana con flujos piroclásticos (chorros de lava que caen del cielo, en esencia) que sepultaron Pompeya quemando y asfixiando a los pobres incautos que aún permanecían en la ciudad.
En la actualidad, los arqueólogos utilizan moldes de yeso para rellenar los huecos que dejaron los cuerpos sepultados por los flujos piroclásticos y sobre todo el calor. Algunas de las figuras resultantes son estremecedoras.
La explosión del Monte Santa Helena
El Monte Santa Helena, Mount Saint Helens o Lawetiat’la en la lengua de los indios de los nativos de la zona, es un estratovolcán activo ubicado en el estado de Washington, EEUU. Tiene una altitud de 2500 metros y en 1980 entró en erupción, dando como resultado un terremoto de 5,1 grados en la escala Richter matando a 57 personas y destruyendo hogares, puentes y diversas estructuras. La potencia y la fuerza de la erupción cambió drásticamente el aspecto de la montaña que ahora luce un cono de roca volcánica compuesta principalmente de basalto y dacita.
6.Explosión monte Santa Helena
No es ni mucho menos la erupción más mortífera de la historia, ni siquiera como hemos visto la más potente, pero si ha sido la peor en la historia de Estados Unidos y además ha ocurrido hace el suficiente poco tiempo como para que podamos estudiarla con precisión y a la luz de tecnología más moderna, especialmente sus consecuencias.
La de 1980 o fue la primera erupción del Monte Santa Helena de la que se tiene conocimiento en la historia moderna, más de un siglo antes, en 1847 varios dibujos de la época muestran que el volcán también estuvo activo, aunque la erupción fue mucho menos intensa.
Entre los que murieron se encuentra Harry R. Truman, un anciano de 83 años que vivía cerca de la zona y que se negó a evacuar. Su cadáver nunca fue encontrado. Un volcanólogo que se encontraba transmitiendo por radio la erupción del volcán emitió justo antes de morir las palabras que lo harían famoso:
¡Vancouver! ¡Vancouver! ¡Está ocurriendo!
Su cuerpo tampoco fue encontrado. El material propulsado por el volcán provocó una nube de polvo y ceniza que sepultó coches y hogares.
Gran parte de esa ceniza también se distribuyó por los estados americanos adyacentes. Años más tarde el monte se declararía reserva natural y desde entonces se ha estudiado la composición de los cúmulos que se formaron en torno al cráter y de la actividad volcánica subsiguiente.
7.Tambora
El premio gordo. Ocurrió justo 200 años. Una de las mayores explosiones volcánica de las que el ser humano tiene constancia. Alcanzó el nivel 7 en el IEV (Índice de Explosividad Volcánica), la escala con la que se mide la magnitud de la erupción de un volcán y de la que sólo hay 8 niveles. Sucedió el 5 de abril de 1815 y el sonido de la explosión pudo escucharse en la isla de Sumatra como algo parecido a armas de fuego. Sumatra se encuentra a una distancia de 2600 kilómetros.
Se calcula que la energía liberada fue cuatro veces la del Krakatoa, unos 800 megatones. Aproximadamente 160 kilómetros cúbicos de material fueron expulsados, reduciendo la altura del volcán desde los 4300 metros de altura sobre el nivel del mar a sólo 2851. Las consecuencias de la explosión fueron devastadoras en el área inmediatamente cercana al Tambora, el pueblo que daba nombre al volcán, totalmente aniquilado, y sus consecuencias se notaron en todo el mundo.
Como ocurriese con el Krakatoa, las cenizas y el polvo expulsados a la atmósfera provocaron fenómenos ópticos en los cielos de todo el mundo. En Londres se observaron atardeceres con colores brillantes unos meses más tarde, en junio y julio de 1815. El cielo se tiñó del mismo color naranja que Ashcroft retratase en el Krakatoa.
El año siguiente, el 1816, es lo que se conoce como “Año sin verano” y se debió a las anomalías meteorológicas que produjo la erupción del Tambora. La reducción mundial de las temperaturas provocó un año de cosechas casi inexistentes dando como resultado una grave escasez de alimentos en toda Europa.
Una vez más, la erupción tuvo su efecto en el arte de la época. Es importante notar que el Tambora tuvo lugar casi 70 años antes del Krakatoa, pero en algunas pinturas, como las de J.M.W Turner puede apreciarse el mismo efecto.
Fuente: (Internet)
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